
Antes de que la temporada de fin de año desordenara todo, estuve en Ventaquemada, Boyacá, en una feria de productos locales y ecológicos. Luego llegó la locura de trabajo, las vacaciones, arrancar de nuevo, y apenas ahora puedo contarles de esta visita que se quedo atorada en el teclado. Mis compañeros de viaje: integrantes del grupo Slowfood de Colombia, gente de buenos planes y buenas intenciones.
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Comerse una alcachofa entera hervida, acompañada de mantequilla derretida, sazonada con limón, sal y pimienta recién molida, es quizá la forma de obtener el mejor gusto de este vegetal. Por la satisfacción de saborearlo lentamente, hoja a hoja hasta llegar a su delicioso corazón. Las alcachofas escalfadas de esta receta son mi segunda forma preferida, porque son muy fáciles de hacer, una vez se adquiere la práctica necesaria, y porque son muy versátiles. Pueden mezclarse en una ensalada, en una plato de pasta, procesarse y transformaste en un dip, comerse como antipasto o servir de “topping” para un pizza. Además, el que reciba de regalo un frasco lleno de estas alcachofas le estará, de corazón, eternamente agradecido.
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