
No sé en qué momento empecé a sentir que un buen curry me llegaba directo al alma. No deja de ser extraño, tratándose de sabores de tierras tan lejanas. Es como si este gusto viniera de otra vida. Sin embargo, los olvido, y me distraigo en otras cosas hasta que, por algún motivo, vuelvo a anhelar un curry que me de un empujoncito. Y es que hay algo en la mezcla de especies, el picante, la salsa, el arroz, que embelesa y reencaucha el mismísimo espíritu.

